Lunes, 20 Febrero 2017

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Laura Inés Castro Cortes

Laura Inés Castro Cortes

Abogada y Contadora en ejercicio. Especialista Alta Gerencia Universidad de los Andes. Exgerente  Tolima 7 días y Ondas de Ibagué.
 
La acción de  corromper o corromperse, tiene postrado al mundo entero porque domina el sistema político y predomina en la  cultura social de la corrupción,  haciendo que se esfumen los recursos destinados para lograr  importantes y destacados estándares de competitividad, emprendimiento,  progreso y desarrollo de una nación.

En Colombia se adelanta la recolección de 5 millones de firmas, con el fin de impulsar una consulta popular que contiene siete puntos esenciales, para frenar la corrupción. Lástima que detrás de la iniciativa se escondan intereses políticos,  lejanos a los intereses sociales y económicos que son los verdaderamente afectados.

Los siete puntos que impulsa la consulta popular no son una genialidad, son de puro sentido común –el menos común- y hace rato ha debido impulsarse, pero con un congreso tan estigmatizado, imposible esbozar una iniciativa de ese calibre. Por ello hay que reconocerle a la senadora Claudia López los pantalones para liderar la consulta, pero ella como todos, está pensando en su capital y patrimonio político de los próximos años. Es una política más,  avezada, mordaz y estratega.

Y es que los políticos han descubierto los buenos resultados que arrojan las campañas políticas que enarbolan la bandera contra la corrupción, porque  inclinan la balanza en su favor  a la hora de tomarse una decisión electoral, como la esperanza es lo último que se pierde, siempre se está pensando, ah por fin llegó alguien que nos sacará de tanta corruptela. Mentiras,   todo sigue igual.

En esta debacle de corrupción que vive el país, ¿dónde se escuchan las voces de las altas cortes, el contralor, el procurador y el fiscal? Tocan los temas  porque están dentro de sus funciones, pero ninguno propone una solución de fondo, una reforma constitucional que modifique la forma de nombrar a los que manejan los entes de control, que poco o nada están aportando para combatir este fenómeno político, empresarial, social, religioso y económico que se devora al país.

Todo porque la corrupción se convirtió en el  rentable “negocio” de sobornar y cohechar, para todo aquel que participa en su cadena antivalor.

Además porque los  corruptos saben de  la impunidad que rodean sus fechorías y por eso se pavonean mimetizados en la sociedad, posando como destacados líderes, empresarios, altos gerentes, destacados servidores públicos, políticos, juristas y en general como personas honorables y de gran prestigio. Pero mentiras, detrás de ellas se esconden delincuentes ávidos de saciar las ansias de enriquecimiento con los sagrados dineros del erario público, eso sí, bajo la ley del menor esfuerzo, solo con el nombre y la influencia.

En un mundo tan comunicado como el de hoy, los hechos de corrupción serán día por día más visibles y en esa medida, quedarán al descubierto sus protagonistas. Si la justicia no los alcanza, al menos que vivan el estigma de una sociedad que los rechazará por siempre.

Punto final. Pasado un año, la oficina de espacio público no logra despegar. ¿Qué pasará?




 
La caída de la  imagen del  alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo Martínez, que comenzó con  un 72%  de favorabilidad y que  hoy sólo llega a un 37%,  lo que está demostrando es la pérdida de  credibilidad con  sus  gobernados. Que sus compromisos y promesas de campaña, fueron sólo eso y sus informes de gestión se van en meros  anuncios.

“Fácil llegar, difícil mantenerse”. Jaramillo Martínez caló fácil  con su discurso populista para    lograr el fervor y el favor de miles de ibaguereños, todos ellos  esperanzados en que elegirían a un político avezado, con las mejores intenciones de transformar la ciudad y rescatarla de las garras de la corrupción en la que la dejó sumida la anterior administración. Han transcurrido  12 meses de gobierno y el balance de las encuestas,  los sondeos de opinión y de percepción e Ibagué cómo vamos,   poco es  lo que se logra rescatar de la gestión del mandatario, hecho que puede tener varias lecturas:

Pregonó una administración libre del pecado de la corrupción, y al parecer no es así. Juró gobernar con los mejores  a través de la meritocracia, mentiras, ha hecho todo lo contrario. No se ha rodeado de lo  más granado e idóneo para administrar la ciudad, como politiquero normalito,  trabaja para y con los amigos, eso no lo podrá cambiar nadie. Tiene la visión al  corto plazo en los  beneficios políticos que pueda traerle la próxima contienda electoral.

La estrategia de comunicación en la alcaldía  está fallando, porque las buenas o malas noticias, los  hechos negativos o positivos  conocidos por la opinión pública, obedecen más al trabajo juicioso de investigación que realizan los comunicadores, que a los boletines o informe  que entreguen diaria, semanal o mensualmente  cada dependencia,  dando a conocer las gestiones y actividades desarrolladas.  En este asunto, tiene mucho que ver el estilo egocéntrico y narcisista que exhibe  Jaramillo Martínez para liderar y su poca empatía con los  periodistas.

También influye el mensaje de “no importancia” que envía el mandatario frente a la tendencia a la baja  que está teniendo su imagen,  porque del 72%  en enero del año pasado cayó al 51%  en abril de ese mismo año  y las cosas han seguido sin cambio alguno por parte de la administración, mientras su imagen sigue cayendo. Para él todo  está marchando a  las mil maravillas,  y por eso hace caso omiso a esas alertas tempranas de inconformidad que pueden tener estas herramientas, donde se pretende mostrar cómo está el clima de gobernabilidad, contrastado con la aceptación de los ciudadanos.

Pero es que el grado de incredulidad que le da el mandatario a las encuestas y sondeos, son inversamente  proporcionales  a la credibilidad que le da la gente a las mismas, es decir,  mientras el no cree en ellas, la opinión cree y eso va directamente a la  falta de credibilidad que está generando la gestión de gobierno de Guillermo Alfonso Martínez Jaramillo.
 
Vale la pena que el alcalde lidere con su  equipo de colaboradores, asesores y amigos, conversatorios, talleres y espacios de participación internos, donde se desmenucen  los sondeos y encuestas, para crear estrategias que conjuren la realidad de una gestión que no está mostrando su mejor cara, sino que por el contrario se ha nutrido de escándalos, investigaciones,  peleas y lo más grave es que las  obras que transformarán la ciudad siguen en papeles. Todo eso de alguna manera,  están justificando las respuestas de los ibaguereños.

Punto final.- ¿Alcaldía más de $1.400 pesos por persona  y Gobernación $400 por persona, para invertir en la prevención del suicidio? Que burla.



 
Con más virtudes que defectos, bienvenido el nuevo Código de Policía, entendido como el renovado manual de convivencia para los colombianos, que ya tiene 13 demandas por   sus alcances y la presunta  vulneración de derechos humanos.  Se  necesita mucha, pero mucha pedagogía para lograr la eficiente y eficaz sensibilización a los colombianos, por comportamientos  cotidianos que  antes no tenían ninguna sanción pecuniaria y que hoy alcanzan  multas de 4 tipos y  que van desde los $98.362 y hasta los $768.898.

Por eso, en adelante el nuevo código se convierte en la  cartilla “coquito” de lectura  básica en el hogar para evitar situaciones molestas e incomodas con los vecinos, el entorno en general y de paso la afectación de la economía familiar. Si al interior de cada familia se  hace el ejercicio de lectura y comentarios, encontrará que ese Código puede modificar sustancialmente sus comportamientos con respecto del manejo de  mascotas, reuniones familiares,  vehículo, desperdicios y basuras, llamadas a la  línea 123, por mencionar algunas.

Los encargados  del orden y la convivencia en las  oficinas, los conjuntos residenciales y demás espacios públicos y privados, tienen una gran tarea y responsabilidad con este nuevo manual de convivencia.

Vienen tiempos de  gran  publicidad y propaganda, para que su contenido  no sea letra muerta y se genere la percepción que el nuevo Código  llegó en serio para acabar con los malos hábitos, las feas  costumbres y los desagradables comportamientos,   que a diario  deterioran la convivencia y calidad de muchos colombianos.

Pues bien, ahora revisemos la otra cara de la moneda. ¿Está preparada la  institución Policial, para su cabal aplicación? Como era de esperarse, primero entró en vigencia la ley y no se tiene adecuado o estructurado el mecanismo del cobro de los comparendos por las infracciones que se cometan. Por eso se anuncia que los primeros meses no se darán los cobros y los comparendos serán pedagógicos.

Ojalá esos seis meses, también sirvan para concientizar a todo el pie de fuerza para  que la aplicación del Código de Policía esté  libre de episodios de corrupción.

No nos imaginamos a los ciudadanos que no gustan de pagar comparendos o multas, ofreciendo algún “dinerito” a los uniformados con tal de esquivar la sanción de la falta en que se incurra. Eso lo vemos a diario en el tema de tránsito. No la tiene fácil el organismo policial, porque sus hombres tienen que ser agentes  incorruptibles.

Como quien dice, por este lado nos concientizamos de respetar y ceñirnos a la ley y por el otro lado, se aplica la ley sin concesiones o consideraciones de ninguna clase.

Punto Final.- No cae bien el  kilometraje político que quiere sacarle el Representante a la Cámara, Carlos Edward Osorio al nuevo Código de Policía.
 





 
Muchos sectores de la ciudad celebran el convenio que ejecuta la alcaldía de Ibagué y el Ejército Nacional, con el propósito de recuperar la malla vial en varias de sus comunas, estrategia que fundamentan en la celeridad de los trabajos, el cumplimiento, la austeridad en la inversión y la prevención a hechos de corrupción. Adicionalmente porque  mejoran las condiciones ambientales, físicas y ayudan a la calidad de vida  de algunos sectores que llevan años esperando ver sus calles  pavimentadas. Todo indica que a esta estrategia se sumará la administración departamental.
 
Como quien dice, los soldados contribuyen al cumplimiento del plan de desarrollo de la alcaldía en materia de recuperación vial. Es por eso que muchos ciudadanos desprevenidos se preguntan ¿y por qué los soldados no pueden ayudar a disminuir los diarios episodios de inseguridad que vive Ibagué? Al fin y al cabo no estarían por fuera de su misión constitucional al ser el “Ejército Nacional de Colombia la fuerza armada legítima que opera en la república de Colombia, para la defensa de la soberanía, la independencia, la integridad del territorio nacional y del orden constitucional”.
 
Ibagué al igual que muchas ciudades en el país está azotada por la delincuencia y sus indicadores reales de seguridad son preocupantes. Curioseando encontré  un artículo escrito en el diario El Tiempo  por el periodista y bloguero Giovanni Agudelo Mancera en abril del 2014, increíble que  transcurridos casi tres años, su vigencia es total. Como su contenido está en coincidencia con las preocupaciones actuales en el tema de seguridad, transcribo algunos de sus apartes:

“Solución para inseguridad, militarizar las ciudades, pero ya!

Los batallones militares en la ciudad y los cascos urbanos podrían aportar mucho para combatir la inseguridad en las ciudades. Si bien la misión del Ejército, y su mandato constitucional, es salvaguardar la soberanía nacional, en este momento en que el país afronta una oleada criminal como nunca antes, las Fuerzas Militares deben estar en puntos estratégicos y neurálgicos urbanos velando por la seguridad de los habitantes.

En nuestro país no es común ver soldados en las calles, solo en los desfiles militares del 20 de julio y del 7 de agosto, pero dada la coyuntura actual, donde la criminalidad crece de manera incontrolada, el Ejército debe apoyar a la policía en su objetivo de cuidar a los habitantes y evitar que la delincuencia se tome las ciudades.

…. También, algunos políticos, que siempre quieren buscar beneficio o sacar provecho de cada proyecto de ley o idea que aflore, ya sea que les convenga a sus intereses o no, dirán que no es una medida sana. Pero acá se trata de terminar con las Bacrim, con el microtráfico, con la delincuencia organizada.

Ahora bien, esta idea de militarizar las calles, que no es nuestra ni de nadie en particular, que representa el clamor de la ciudadanía, no se puede convertir en estrategia electoral de nadie. Si es un proyecto de ley, ¡que lo aprueben ya!, y sin darle tantas vueltas. Si es la súplica de los colombianos, ¡que sea escuchada!, y si es la decisión de los alcaldes, ¡que sea ejecutada!, pero sin dilaciones.

El Ejército inspira respeto, y con todos sus errores y excesos, (deplorables desde todo punto de vista), es muy querido por los colombianos, por eso debe salir de los batallones urbanos, y ayudar a la policía a exterminar, de una vez por todas, la delincuencia, cualquiera que sea y venga de donde venga.

Que las brigadas rurales y de frontera sigan cumpliendo su misión constitucional, como es la de velar por la soberanía y combatir a quienes pretenden desestabilizar el país, pero que las guarniciones urbanas, destinen una parte de sus contingentes, para estar en las calles, fortaleciendo la seguridad, y dándole una mano a los alcaldes de las ciudades, donde definitivamente la policía no pudo.

La delincuencia se está tomando las principales ciudades, y hasta las pequeñas, necesitamos que nuestros soldados cuiden también a sus compatriotas, no solamente las fronteras. En los batallones urbanos se hace mucho orden cerrado, mucha gimnasia con armas y sin armas, mucha teoría y poca práctica, y hay mucho encierro. Muy bien le caería a nuestro Ejército, y a nuestros militares, salir a las calles a darle una mano a la policía, por encima de sus diferencias y rencillas históricas.

Obviamente, quienes a nuestro juicio, deben salir de sus batallones a reforzar la seguridad en las ciudades, son los soldados bachilleres, la policía militar y la inteligencia…….

En Colombia hay suficiente tropa para cumplir mandatos constitucionales y para acabar con la delincuencia, y ese cuentico que los soldados no están preparados para convivir en las calles con los ciudadanos, ¡es pura paja!

“La paz no es solo firmar acuerdos con la guerrilla, es combatir la delincuencia, cualquiera que sea, y para eso el Ejército si está preparado………”.


En ese orden de ideas y ad portas de una paz estable y duradera, el Alcalde en su proactividad podrían comenzar a explorar la opción de contar con soldados ayudando a preservar la seguridad, y muy seguramente para ello tendrá que utilizar las herramientas constitucionales, legales  y jurídicas del caso.
 
Punto Final.- A Ricardo Ferro se le recomendaría revisar su línea de oposición, porque sus llamados no están calando en la opinión pública. ¿Asunto de credibilidad?   




 
Efecto bumerán es el resultado contrario al que se busca por la mala utilización de un método.

En mayo del 2015 cuando  Guillermo Alfonso Jaramillo Martínez, lanzó oficialmente su candidatura a la alcaldía de Ibagué, en la vereda Coello-Cocora- junto a los tubos que por años habían estado a la intemperie y que supuestamente servirían para las obras del acueducto complementario de Ibagué, advirtiendo  que en su administración daría una lucha frontal contra la corrupción, porque él llegaba con las “manos limpias” a derrotar las mafias políticas y que su lanzamiento obedecía a la petición de miles de  ibaguereños hastiados de la corrupción.

En esa ocasión  expresó además: “La gente está fastidiada, todos piden una alcaldía diferente, una administración sin roscas. “La ciudad ha sido tomada “por una mafia de políticos que solo buscan su lucro personal”,  “todo mundo conoce a esos vagabundos”.
Y se le hizo el milagro. Miles de Los ibaguereños lo eligieron  como el alcalde que llegaría a transformar la ciudad. Pasados 12 meses de gestión,   quien lo creyera,  se escuchan sonidos de revocatoria a  su mandato  dizque por “corrupción”.

¿Qué fue lo que paso?  ¿Le  fallo  al alcalde su método de gobernar, de trabajar, de delegar, de socializar y el más sensible,  el método de escoger a sus inmediatos colaboradores y staff de asesores? Al parecer la respuesta es  Si a todas las anteriores.

Muchos quisiéramos creer  que el mandatario tiene sus “manos limpias”, a pesar de las pruebas de tráfico de influencias, el gobernar con sus “amigos”, los despidos y malas relaciones laborales, la soberbia y terquedad  de nombrar colaboradores con posibles inhabilidades, entre muchos de sus pecados que no necesariamente  significan apropiarse de los sagrados dineros del estado, pero que si entrañan hechos de corrupción.

Pero lo que sí está en duda  es la pulcritud  de muchos de sus asesores y  colaboradores que aprovechan la bipolaridad, los  despistes, la desconcentración  y  las rabietas del mandatario para extralimitarse en sus funciones, especialmente con las licitaciones y los contratos, cobrar favores y supuestas asesorías jurídicas, porque incluso muchos (as)  ya hablan de estar haciendo la plata y la forma para ser los sucesores de Jaramillo Martínez, habrase visto que desfachatez, como quien dice lo más parecido a esa mafia de políticos que solo buscan  lucro personal, es decir los nuevos vagabundos que está conociendo la ciudad.

En conclusión, el método de gobernar del alcalde le está pasando factura, porque el discurso contra la  corrupción con el que llegó a la alcaldía, será el mismo que le mortificará e incluso podría jugarle una mala pasada para terminar exitosamente su mandato o para  futuras aspiraciones políticas. Total efecto  bumerán
 
 
Punto Final.-
La persona  que ejerce la política y navega en ella  casi siempre  incluso sin querer, está inmersa en episodios de corrupción. Qué vergüenza.
 


 
Es el término  utilizado por los líderes de los barrios que respaldan la gestión del alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo, frente a otros líderes comunales  que están condicionando su voto a la consulta popular  minera, siempre y cuando el mandatario de los ibaguereños acepté y autorice las obras que anuncia el gobernador Oscar Barreto en la capital musical

Imposible saber  qué estaría pasando si el resultado de las elecciones pasadas hubiera arrojado resultados distintos y el Tolima e Ibagué, estuvieran bajo el mandato de los hermanos Mauricio y Guillermo Alfonso  Jaramillo Martínez.

Nadie se imagina el alcalde diciéndole a su hermano gobernador que no da la autorización para pavimentar por lo menos 200 vías en ciudad, recuperación de alcantarillados, construcción de tres coliseos, escenarios deportivos en sectores populares, buscar la solución al problema del cruce de la 60 con quinta, entre las solicitudes más destacadas que viene haciendo Barreto Quiroga desde mediados del año pasado.

Difícil entender la respuesta del alcalde: “Bienvenidas las obras para Ibagué, pero planeadas y concertadas, no clientelistas y politiqueras”. Y cómo cree el alcalde que se mantiene vigencia y presencia en el escenario político, él sabe, porque hace lo  mismo que cuestiona; clientelismo y politiquería. Jaramillo levanta la voz como si en su administración no imperara la improvisación.

Preocupa que tras un año de mandato, Barreto  ofrece hacer obras en Ibagué  y Jaramillo no autoriza. Vean  donde estamos, en un  enfrentamiento entre los líderes y voceros de la comunidad ibaguereña. Para rematar en esta nueva situación que se venía cocinando por el lado de los inconformes, sale a terciar la Jefe de la Oficina Jurídica, Gladys Gutiérrez diciendo que hay ignorancia e ignorantes  en los dos temas –consulta minera e intervención con obras por parte del gobernador-. Le están pidiendo que salga a ofrecer disculpas por la descalificación a los líderes. Le va tocar para calmar ánimos.

Para nadie es un secreto que todos están mirando las elecciones del 2018 y el alcalde dirá, que cualquier cosa que se autorice y sume votos, puede atentar contra sus intereses políticos. Por favor que no siga diciendo que le interesa Ibagué, porque si así fuera, hace rato habría fumado la pipa de la paz con Barreto y tendríamos obras importantes y necesarias para la ciudad.

Los líderes no pueden dejarse influenciar, la mayoría de ellos  han visto pasar  por sus comunidades muchos alcaldes y gobernadores  y las gentes esperan conserven la sensatez y la imparcialidad en temas sensibles y de interés universal, que muchas veces no pueden mezclarse. De ahí la importancia de la concertación y la comunicación fluida. Quedan muy mal ante la opinión pública,  los líderes que utilizan los micrófonos para irrespetar a sus mandatarios y de paso   desdibujan la transparencia de sus propósitos.

Increíble pensar que los dos mandatarios se van a llevar los cuatro años de gobierno en enfrentamientos y peleas que en el primer año han contribuido al desgaste, dejándolos rezagados en imagen y favorabilidad. El país tiene muchos ejemplos de Gobernadores y alcaldes que aplican la sinergia y ganan por partida doble, con imagen para el presente  y con  votos para el futuro.

Punto final.- A la primera gestora del municipio, mujer profesional y talentosa,  se le olvidó el compromiso de convertirse en la coequipera de su esposo. 



 
Desde hace muchos años se viene hablando de la amenaza ecológica que tiene  para el cañón del Combeima, la proliferación de negocios de comidas típicas -muy pocos bajo  la regulación y vigilancia de la secretaria de salud-, las diversas actividades turísticas y con ellas la polución y contaminación que dejan los miles de vehículos que cada  fin de semana lo visitan, porque de seguro afectarán su esencia y  pondrán  en peligro el río Combeima  que abastece el 80% de agua a la población de Ibagué.

El fenómeno del calentamiento global también ha llegado a ese lugar, porque antes  su clima bordeaba el  frío, y por esa razón nadie se atrevía a meterse al río a darse un chapuzón, pero ahora su clima es más cálido y lo que se está presenciando puede ser más grave que los efectos de la actividad minera en esa zona.

El espectáculo que pudo apreciarse el domingo 1 de enero de 2017 a  orillas del  río Combeima entre los sectores de Llanitos, Pastales y Villarrestrepo, fue deprimente al ver  cientos de visitantes que  no tuvieron reparos en montar sus ollas y disponer del río como un balneario más. Parecía Gualanday en sus años dorados.

Lamentable que los propietarios de los negocios de comidas que están a la orilla del río no tengan conciencia ecológica, advirtiendo a los visitantes que el río es sólo para contemplarlo, que se le respeta y no se contamina.

En Diciembre del 2014 el Concejo de la ciudad, mediante Acuerdo 023, declaró el día cívico del Río Combeima, acuerdo que pretende..” el primer viernes del mes de octubre de cada año, realizar  actos conmemorativos a favor del río, para construir conciencia ciudadana de la gran función que presta como motor de desarrollo y riqueza hidrográfica, de la cual depende la subsistencia y supervivencia de los habitantes del Municipio, para despertar el sentido de pertenencia de la cuenca del río y el compromiso de acción para su conservación, recuperación y uso sostenible…”. Al parecer todo ha quedado en letra muerta, porque de otra manera toda la comunidad de ese sector, estaría atenta a la defensa del río, anteponiéndola a los intereses económicos.

La amenaza que se cierne sobre el río Combeima debe ser atendida ya  por la Corporación Autónoma Regional del Tolima, la Gobernación del Tolima, la Alcaldía de Ibagué y  demás instituciones afines al propósito,  para que se revise con seriedad y objetividad la peligrosa tendencia de convertir al río Combeima en lugar para  paseo de olla.

Para ello es necesario diseñar y aplicar  estrategias de preservación, control y vigilancia que en estos momentos pareciera no tener el cañón en los fines de semana, a la que se suma el caos vehicular que afecta la movilidad sin que se tenga personal de policía o tránsito para atender situaciones puntuales.

Hace poco se hizo mención de la necesidad de  adoptar  para los vehículos particulares  que se desplazan a ese lugar durante los fines de semana,  la medida de pico y placa, y fue la de “Troya” se le vinieron encima  a la administración municipal  los dueños de los negocios que allí funcionan  que están pensando cómo se afectarían sus ingresos,  ¿pero quién está pensando en el río? Nadie.

La trascendencia del asunto amerita una mesa de diálogo respecto del futuro incierto que se  avizora para  el río  de seguir con la contaminación que día a día reduce su cauce. Para los ibaguereños el cañón del Combeima debe ser algo así como un santuario ambiental.

No está fácil, pero se debe comenzar por algo. Alcalde y Gobernador este es un asunto importante de su agenda conjunta, Cortolima puede mediar.

Punto Final. El Alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo da muestras de ser un hombre honrado y transparente, cosa que no puede afirmarse de algunos de sus colaboradores. Bienvenido el cambio de gabinete, pero no más de lo mismo por favor.



 
La semana anterior el abogado Orlando Arciniegas Lagos,  detenido en una cárcel de Pereira, en el marco de una audiencia virtual preparatoria y aceptando los cargos, pidió perdón a los ibaguereños por el grave error cometido en su desempeño como asesor y hombre de confianza del entonces alcalde de Ibagué Luis Hernando Rodríguez, para liderar y manejar la contratación de los xx juegos nacionales.

Todos conocen la astucia y el cinismo de Arciniegas quien no desaprovechó la ocasión y a las pocas horas, ya estaba solicitando casa por cárcel, aduciendo problemas de salud. Por Dios que ni vergüenza tiene, afortunadamente ésta solicitud le fue negada.

Ojalá en la soledad de su encierro, este señor medite y cavile sobre  el terrible daño que causó a miles de niños, niñas y adolescentes, como principales usuarios de los frustrados escenarios deportivos. Independiente de los seis delitos a los que se allanó, subyacen situaciones penosas y delicadas, como la tragedia que ha significado para los deportistas  tener que acudir a espacios y lugares no diseñados ni apropiados para los entrenamientos, incluso con graves consecuencias para muchos, porque han sufrido accidentes. Los menores de escasos recursos, se quedaron literalmente sin donde practicar algún deporte.

Vale la pena traer a colación una columna que escribiera Arciniegas Lagos el 13 de junio de  2008 en el Diario Portafolio, titulada “A propósito de….” En la que menciona los beneficios de la ley 1098 del 2006, que contiene el código de Infancia y adolescencia, y en uno de sus apartes dice:” La concepción filosófica que trae la nueva ley recoge el criterio de tratados internacionales, en donde se busca acabar con el sustancialismo paternalista y correlacionista para darle la valorización de la forma jurídica, protegiendo a los menores en sus derechos y su dignidad de ciudadanos”.

En ese contexto y  pasados ocho años de su escrito Arciniegas Lagos vulneró  los derechos de los niños, niñas y adolescentes de la ciudad, al negarles el derecho a la recreación, a la participación en la vida cultural y en las artes, contenidos en el artículo 30 de dicha ley.

En dicho artículo se pregunta Arciniegas Lagos ¿cuál es la sociedad que se está formando? Y vean,  con el paso de los años resultó ser un corrupto más que se embolsilló y repartió buena parte de los dineros destinados a los diseños y a la construcción de los nuevos escenarios, donde los menores y la juventud tendrían sus espacios de prácticas deportivas, esas que los alejan del vicio, del delito y de muchas otras tentaciones que llevan al traste el promisorio futuro de un menor.

De igual manera reflexiona Arciniegas en su columna que en el país hay menores oprimidos, explotados, esclavizados, violentados e incluso exterminados. Si señor así es, y la práctica de un deporte es una  vía de escape a estas terribles situaciones.

La juventud ibaguereña perderá por lo menos otros dos años, antes de tener el goce y disfrute de unos escenarios que pusieron a soñar a muchos, porque allí se harían los mejores juegos nacionales de la historia en el país. Como se burlan los gobernantes, los contratistas y los asesores de la gente.  Así las cosas señor Arciniegas Lagos, los ibaguereños lo podrán perdonar, pero el daño será irremediable.
 
Punto Final.- Caos vehicular en ciudad, el pico y placa todo el día era necesario desde el 15 de diciembre.
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